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Centro de Estudios en Salud Mental Sistémica:
Abriendo espacios para la reparación y la creación
- Una de las premisas que dan sentido a este Centro es la de ser un espacio para explorar, aprender y generar conocimiento y contextos donde las personas puedan desarrollar sus potencialidades en los distintos ámbitos donde se desenvuelven.
- Para conocer más de su origen, del enfoque de su trabajo y de las distintas miradas que confluyen en él, entrevistamos a su directora, la matrona y psicóloga Susana Muñoz Aburto.

¿Cuál es el origen del Centro?
La idea de construir un Centro emerge en los tiempos en que éramos alumnas de psicología y paralelamente nos formábamos como terapeutas. Emerge como una brisa que circulaba todo el tiempo y estaba muy asociado a la formación de la que éramos parte y que era muy novedosa. Después nos separamos de ese grupo y cada cual hizo sus rutas. Años después fue posible para mí volver a rescatar el hilo de esa idea y retomar contacto con algunas de las colegas que transitábamos por esos sitios y aparecieron otras personas interesadas y se me ocurrió la idea de hacer un equipo multidisciplinario.
El Centro emerge como una posibilidad de exploración de aprendizajes, un centro donde se va generando conocimiento y nuevas significaciones y significantes que van construyendo nuevas realidades.
¿Qué importancia tiene la jerarquía y el poder en este Centro donde el ámbito formativo tiene un rol importante en su configuración?
En nuestro caso somos un centro de estudios porque la organización, aunque jerárquica, también da lugar para la simetría. Es un Centro donde todos aprendemos. Esto tiene que ver con reflexiones acerca del poder, del poder de los sujetos que van formando a otros sujetos. Nosotros reflexionábamos sobre cómo hacer circular el poder, porque hay personas que tienen más o menos conocimiento, más o menos procesamiento, más o menos vivencias y simbolización de las vivencias. Lo cierto es que con cada contacto, con cada interacción hay un movimiento en que ambos crecen y esa era una de las premisas nuestras, de qué modo podemos crecer o retroalimentarnos.
En el caso del maestro que forma a un discípulo hay una situación de poder que se puede rigidizar. Habitualmente el maestro necesita a su discípulo y cuando el discípulo crece inconscientemente el maestro tiende a sabotear o a soltar y los quiebres son súper dolorosos.
¿Por qué el maestro se siente superado?
Se siente superado, no se siente necesitado y por lo tanto no se siente validado como maestro. Es un aspecto que nosotros hemos reflexionado y hemos trabajado mucho en términos de los núcleos más narcisísticos. La idea es: “Sí, sé un poco más que tú hoy día, pero evidentemente tengo muchas cosas que aprender de toda tu historia, de lo que tú traes”. No es un intercambio propiamente tal, es trabajar en ese espacio transicional que se arma cuando existe el vínculo y ahí uno puede jugar y puede crear y se co-construye. No es ni propiedad tuya, ni mía y desde ahí es posible formar creadores que son distintos de mí o de otros, son creadores con su propio estilo.
¿Y es posible que se desenvuelvan en los distintos contextos?
Sí, porque necesariamente un buen profesional tiene que ser una buena persona. No existe un buen profesional y una mala persona.
Con la mirada en la persona
¿Cuáles son las premisas del Centro y el sentido del trabajo que desarrollan?
La idea es trabajar a partir de un equipo multidisciplinario y trabajar desde distintos ámbitos. Desde la corporalidad, la teoría sistémica, el arte, el movimiento, la estética y la plástica y desde esos sitios ir accediendo a lugares preverbales de los sujetos de manera que ellos puedan encontrarse a si mismos y se conviertan en instrumentos de cambio donde quiera que desempeñen su rol profesional. Desde ese sitio nuestro trabajo tiene que ver con trabajar con las personas en aras del rol.
¿Cómo se reflejan las premisas del Centro en sus distintas áreas de trabajo?
Diversificamos las diferentes áreas como una forma de entrar en distintos contextos, porque lo sistémico da la posibilidad de moverse en contextos diferentes y en distintos niveles, sociales y culturales que cruzan la sociedad.
Entonces el trabajo de capacitación tiene una impronta que es una impronta clínica, donde cada sujeto se forma para ser un agente de perturbación de distintos sistemas. La capacitación está construida desde esta mirada, porque los psicólogos que trabajamos acá somos psicólogos clínicos y por ende con mucho trabajo personal, porque para ser un buen clínico hay que ser paciente mucho rato.
Entonces todo el trabajo está mirado desde la clínica, desde la contención, desde el respeto y desde el cuidado. Porque otra de las premisas es que uno no puede andar haciendo cambios así como así, porque es un ejercicio ilegítimo del poder. Uno puede observar, leer la realidad de una manera distinta de cómo la lee un sujeto de causalidad lineal, uno la puede redefinir y colocar en un sitio ecológicamente distinto.
La movilización y la perturbación son para que el sujeto pueda abrir espacios a sus propias potencialidades, porque otra de las premisas es que uno no cambia a nadie si el otro no quiere. Uno genera contextos donde el otro puede abrir espacios y desarrollar potencialidades. Uno genera una perturbación, genera un movimiento y aquellos sujetos que están listos para moverse se moverán y lo rescatarán. Uno siembra, por ahí le cae una gota de agua y algo sale.
Rescatando la historia escrita en el cuerpo
¿Qué importancia tiene la corporalidad desde su enfoque?
Nosotros tomamos la línea de Buchbinder y Matoso que trabajan desde la corporeidad más que el cuerpo propiamente tal. Definen el cuerpo como el entrecruzamiento de sistemas sociales, culturales, históricos, vivenciales, físicos y orgánicos. Entonces la premisa es que toda la historia se tatúa de algún modo en el cuerpo y en el modo de moverse. Entonces es a través de las huellas corporales donde uno puede rastrear su propia historia, los entretejidos funcionales y disfuncionales que dieron origen al ser que somos hoy día. Accediendo a esos espacios a través del movimiento, a través de la plástica, de la estética, a través de entrar en estos espacios olvidados de la corporalidad de donde rescatamos fragmentos de historias preverbales y la simbolizamos en la verbalidad. Al simbolizarlas en la verbalidad emergen a la conciencia y cuando están en la conciencia uno puede elegir.
¿Desde su mirada qué rol tiene el arte en la configuración del Centro?
Ahora hay toda una corriente de arteterapia, la construcción de mandalas, la danza como un medio de expresión y de reparación y esas son las distintas exploraciones que hemos ido trabajando. La diferencia quizás tenga que ver con que el sentido siempre es la reparación y que emerja a la conciencia para poder simbolizar.
Re-parar, re-posicionar, colocar en su sitio y la importancia básica tiene que ver con la corporalidad en un punto y con la expresividad en el otro. Porque hay muchas vivencias que son preverbales o son de tales niveles de intensidad que escapan a la verbalidad, no son simbolizables a través de la palabra, donde el arte se convierte en un espacio transicional donde es posible simbolizar y donde otros que lo observan resuenan con la pincelada del artista y con el movimiento de la bailarina y en ese sentido genera un movimiento interno que va develando las propias historias y en ese sentido es reparatorio.
¿Eso se puede trabajar a partir de distintos ámbitos?
Sí, y en distintos niveles y en distintos acompañamientos. Por ejemplo con las trabajadoras sociales que habitualmente están entrenadas para sostener, para cambiar y ahí hay un peso tremendo y las personas finalmente terminan abandonando su corporalidad y sosteniendo pesos que las aplastan. Es en ese espacio entre la carga y la propia corporalidad donde se puede abrir un espacio transicional donde entra el arte, la cultura y el movimiento. Es en esos interpases, pequeñas hendiduras, donde se pueden abrir espacios virtuales.
Nosotros hacemos la articulación, lanzamos los puentes, porque el arte es un mundo en sí, pero además lo pintó un sujeto y cuando lo pintó en algo tendría que estar ese sujeto y la mirada de esa obra artística genera un movimiento en el observador. Se produce como una circulación de la intención y en ese momento si se le agrega el significado se produce un movimiento que es reparatorio.
La música, la pintura, la danza, la danza moderna que muestra todo lo de la tierra, distinto a la danza clásica que acerca más a lo divino y por cierto lo que ocurre detrás de cada movimiento, la disciplina, el talento, la capacidad, el trabajo, que es el proceso finalmente.
Por Fabiola Aburto Prieto
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